Autoría | Andrés Orozco. Estudiante de Periodismo, Universidad Bernardo O’Higgins
Los marcos desde los cuales se construyen las narrativas sobre migración tienen un impacto en la sociedad, por lo cual es importante revisar cómo ciertos relatos simplifican experiencias complejas y terminan influyendo tanto en la percepción como en las respuestas institucionales.
Este fue uno de los focos en la mesa de “Representaciones e identidades de las personas migrantes en Sudamérica”, en el marco del encuentro “Diálogos Transfronterizos: Migraciones y Migrantes de América Latina y el Caribe”, realizado el 27 de noviembre por la Fundación Heinrich Böll.
A lo largo de la conversación, una idea se repitió con matices distintos: las representaciones no son inocentes. Catalina Bosch, integrante del directorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, lo sintetizó al señalar que “las representaciones que construimos sobre las personas migrantes no son inocentes: están cargadas de historia, de poder y de disputas”. En su intervención, advirtió que estos relatos suelen operar desde el estereotipo, fijando identidades que no logran dar cuenta de la diversidad de experiencias.
Esa simplificación, según Catalina Bosch, tiene efectos concretos. Cuando se instala una imagen homogénea, “se pierde de vista que las trayectorias migrantes son múltiples”, lo que no solo empobrece la discusión, sino que también limita la capacidad de respuesta de la sociedad frente a estos procesos
Desde otra perspectiva, en la mesa, Caterine Galaz, coordinadora del Núcleo de Diversidad de Género de la Universidad de Chile, abordó las tensiones entre las categorías legales y la experiencia real de quienes migran. A su juicio, uno de los principales problemas radica en que el derecho intenta ordenar una realidad que, en la práctica, es mucho más compleja.
“Las personas migrantes no siempre encajan en definiciones como ‘migrante económico’ o ‘refugiado’, porque sus trayectorias combinan múltiples razones”, explicó la académica, apuntando a una brecha persistente entre norma y experiencia.
Profundizó también en las motivaciones que están detrás de estos procesos, ya que migrar no es únicamente a la urgencia o a la falta de recursos, sino también a una proyección a futuro. “Para que una persona migre no basta con la necesidad; también tiene que haber una expectativa de mejora”, sostuvo Caterine Galaz, enfatizando que se trata de decisiones atravesadas por evaluaciones, oportunidades y riesgos.
El problema, advirtió, es que esa complejidad no siempre encuentra respuesta en los marcos institucionales. Cuando las normas no logran captarla, terminan generando exclusión o dejando a las personas en situaciones de incertidumbre jurídica.
El moderador de la mesa y presidente de la Red de Periodistas Migrantes, David Arboleda, recogió estas posiciones desde el plano del debate público. En su intervención, puso el acento en el impacto que tienen los discursos dominantes en la forma en que se percibe la migración. “Cuando reducimos a las personas migrantes a un riesgo o a un recurso temporal, lo que hacemos es borrar su complejidad y su condición humana”, señaló, advirtiendo que ese tipo de enfoques no sólo simplifican la discusión, sino que también dificultan la construcción de políticas más apropiadas.

La preocupación por los relatos y sus efectos también había sido planteada desde la apertura, por La directora de la oficina de Santiago de la Fundación Heinrich Böll, Gitte Cullmann, quien destacó que la instancia buscaba proyectarse más allá de una conversación puntual: “queremos que este sea un primer diálogo, no un punto final, sino el inicio de una agenda sostenida que profundice análisis y colaboraciones sobre la migración en América Latina, poniendo los derechos humanos en el centro”, expresó.
En esa línea, Ángela Erpel, coordinadora del programa Democracia y Derechos Humanos de la misma fundación, subrayó la necesidad de sostener estos espacios en un contexto marcado por tensiones en el debate público. A su juicio, abordar la migración desde el estigma o el miedo no solo distorsiona la discusión, sino que también dificulta avanzar en soluciones más justas, “cuando la migración se instala como una amenaza, se desdibuja la experiencia humana detrás de cada trayectoria”.
Así, el encuentro dejó planteado un desafío: no solo comprender los procesos de la movilidad humana, sino también disputar las formas en que se narran. En el cruce entre el lenguaje, política y experiencia se define, en buena medida, la posibilidad de construir sociedades más integradas.
La actividad quedó grabada en el canal de Youtube de la fundación, aquí.
