Autoría | Alonso Martínez y Antonia Olivares, estudiantes de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile, USACH.

Adolfo González (19) vive en Chile desde hace cinco años. Es venezolano, antes pasó por Colombia, donde permaneció cuatro meses, en una etapa de tránsito que para muchos migrantes marca el inicio real de una vida nueva. Fue un tiempo breve, pero suficiente para experimentar lo que significa adaptarse a un lugar desconocido, sostenerse con lo justo y seguir avanzando sin tener certezas completas, únicamente con la convicción de buscar un futuro más estable.

Hoy, Adolfo intenta construir esa estabilidad. Trabaja en una distribuidora y, fuera de la rutina laboral, espera con esperanza los resultados de su postulación a la PAES, como quien ve en los estudios una posibilidad de crecimiento. Pese a sus metas en el país, ha recibido comentarios peyorativos: “He llegado a recibir comentarios sobre las percepciones de los demás, como que quizá no soy tan bueno en algo, el estigma de que debería trabajar en algo inhonesto, constantes insultos y ese tipo de cosas”, indicó. Desde su experiencia, lejos de los números y los discursos, mira de manera tajante el cómo se retrata a la población migrante en la opinión pública: “Siento que a los extranjeros se les representa en los medios como si fueran un enemigo”, confesó.

El caso de González y su familia no es un hecho aislado. La migración en Chile es histórica. Según Memoria Chilena, hubo diversos procesos, como la inmigración croata hacia Chile entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Esta tendencia se ha intensificado en el país desde hace más de 30 años. Según el Censo 1992, tras el retorno a la democracia, la población migrante tuvo un “leve crecimiento”. En 2002, la misma encuesta informó un aumento del 1%. Una década después, el Instituto Nacional de Estadística (INE) determinó una subida del 2% de la población extranjera. Desde 2017, el porcentaje aumentó considerablemente, llegando al 47%, con su peak entre los años 2015 y 2020, según el mismo organismo. 

Por otro lado, González acusa que la gente crea una generalización innecesaria: “Cuando ocurre algo negativo, pareciera que automáticamente se les apunta como responsables”.

Esta generalización no se sostiene al contrastar con cifras oficiales. De acuerdo con datos de Gendarmería de Chile del 2025, el 84% de las personas registradas en delitos corresponde a procedencia nacional, mientras que el 16% corresponde a procedencia extranjera. Es decir, pese al miedo instalado, muchas veces reforzado por titulares donde la nacionalidad se vuelve un dato protagonista, los chilenos concentran la mayoría de los casos, lo que evidencia una distancia entre la percepción pública sobre migración, delincuencia y la realidad estadística.

Este contraste entre cifras oficiales y percepción social no ocurre al azar, sino que responde a mecanismos psicológicos y mediáticos. En el estudio Fear of Crime and Cultivation Effect. Social and Psychological Predictors, los autores explican que el miedo al crimen (el temor emocional a ser víctima) muchas veces no coincide con los niveles reales de victimización. Desde la Teoría del Cultivo, sostienen que la exposición repetida a noticias televisivas sobre delincuencia puede instalar la idea de un entorno más peligroso de lo que indican los datos. Esto se refuerza cuando ocurre el transporte narrativo, es decir, cuando las personas se involucran emocional y mentalmente con la noticia, disminuyendo el pensamiento crítico y volviéndose más susceptibles al mensaje.

Aquella percepción de ser responsabilizados por hechos negativos, contrasta con el rol que cumplen las personas migrantes en el país, sobre todo en el ámbito del trabajo. Según ONU Immigration, los extranjeros aportan activamente al mercado laboral con sus habilidades, conocimientos y dinamismo, y su impacto es especialmente visible en sectores donde la mano de obra local es insuficiente o está en declive. Sin embargo, en Chile esto es un arma de doble filo, ya que este aporte es empañado por su nacionalidad o etnia. En la encuesta realizada a chilenos y extranjeros por la empresa consultora Ipsos Chile en junio de 2025, el 78% de los migrantes encuestados en el país aseguró haber sufrido en alguna oportunidad actos de discriminación o xenofobia.

La sensación que describe Adolfo no se queda solo en su experiencia individual, también se vuelve un síntoma de algo más amplio, donde la convivencia se tensiona y la migración pasa a interpretarse desde el conflicto. Desde este escenario, él cree que los discursos públicos (incluidos los mediáticos) terminan empujando a la ciudadanía a una lectura simplificada de la realidad migratoria. Para Adolfo, esa reducción se agrava cuando ciertos sectores transforman la migración en un recurso político: “Siento que el candidato (José Antonio Kast, actualmente presidente electo) lo hace buscando la aprobación de personas que ya sienten rechazo hacia los extranjeros, porque nos ven como el problema de todo Chile”, confesó.

En sus palabras, esa mirada no solo instala culpas, sino que también oscurece todo lo demás, ya que con el tiempo, el extranjero deja de ser visto como vecino, trabajador o estudiante, y se vuelve una etiqueta. Por lo mismo, Adolfo insiste en que falta equilibrio en el relato público: “Creo que a los medios se les olvida mostrar la parte amable de las personas extranjeras.” Según Ipsos, se señala que un 56% de los encuestados considera que los medios de comunicación “presentan una imagen negativa” de los migrantes. Ante esto, el 50% de los encuestados señaló a los medios de televisión y matinales como los principales en mostrar una imagen negativa de los extranjeros en Chile, frente al 46% que indicó lo mismo sobre la prensa escrita u online. En tanto, en redes sociales se evidenció un 45% desde Facebook, 41% X y 37% TikTok.

“Los medios de comunicación construyen sentido común”, indicó María Emilia Tijoux, socióloga especializada en estudios de migración y académica de la Universidad de Chile. Detrás de esa construcción mediática, Tijoux observa un patrón histórico que se repite en Chile, el extranjero como figura sospechosa, inferior o desechable según convenga al relato dominante. En su lectura, no es un elemento nuevo ni accidental: “Esto no es nuevo, es una historia antigua del Estado chileno contra quienes llegan”.

Pero ese proceso que parecía quedar solo en la discusión pública hoy se cruza con un escenario global más tenso, donde discursos extremos vuelven a ganar terreno. “Hoy, con el alza del fascismo y el racismo, pienso que las personas migrantes están en peligro en Chile”, advirtió Tijoux.

EL ROL DE LOS MEDIOS

Jesse Ponte (39) emigró de su ciudad natal, La Habana, en abril de 2023, dejando atrás a su esposa e hijos. Su situación económica en Cuba no le permitía llegar hasta fin de mes, y por una recomendación de su hermana, quien ya llevaba años radicada en Chile, decidió insertarse laboralmente aquí, trabajando en lo que siempre se ha desempeñado: técnico en reparación de refrigeración.

Si bien asegura sentirse cómodo y conforme, cuando debe salir a terreno para realizar trabajos a domicilio, nota la diferencia en el trato de los clientes en comparación a sus colegas chilenos. “Lamentablemente, no todas las personas son iguales”, aseguró. “Hay

clientes con los que tú notas la diferencia, cuando yo, siendo extranjero, los atiendo”. Ponte se siente juzgado por características que ni siquiera tienen que ver con su trayectoria profesional: “A veces por el acento, el color de piel (Jesse tiene tez negra), cosas realmente insignificantes”.

Aquella indiferencia que recibe Jesse, que llega incluso a “opacar sus capacidades profesionales”, es un patrón constante de lo que viven muchos otros extranjeros en el país. Dentro del informe de Ipsos, se revela el tipo de trato que más se repite hacia los migrantes. El ranking se encuentra liderado por la desconfianza (66%), seguido por la discriminación (40%), el aprovechamiento (29%), la indiferencia (23%) y la hostilidad (18%). “Cuando voy caminando, o andando en bicicleta, es común que alguna señora aparte su cartera, como si yo le fuera a robar”, recordó Ponte al ser consultado acerca de las cifras.

Para Jesse, el rol de los medios de comunicación es fundamental dentro de este debate. “Todo depende de cómo las personas vean las cosas. A veces he sentido que la gente (en redes sociales) es hostil, sobre todo con los migrantes venezolanos”, afirmó.

“Ese hostigamiento a los extranjeros lo noto mucho en TikTok, sobretodo. En televisión se ve pero no tanto”, añadió Jesse. Sin embargo, los datos apuntan a que las denuncias por discriminación a migrantes en televisión van en alza. De acuerdo a información obtenida desde el Consejo Nacional de Televisión, vía Ley de Transparencia, entre 2010 y 2014 se efectuaron 68 denuncias por xenofobia. Solo en 2018, la cifra llegó a 90. Un mediático caso se dio el 8 de marzo de ese año, durante la emisión del programa “Vértigo” de Canal 13, en el que la rutina del personaje “Yerko Puchento”, interpretado por el actor Daniel Alcaíno, recibió un total de 48 denuncias. En los reclamos, se detalla una “ridiculización” de la comunidad haitiana a través de estereotipos, tales como constantes burlas del acento o el pintarse la cara de color negro, conocido como black face. Las denuncias fueron desestimadas por el organismo en su totalidad. Para 2024, solamente durante el primer semestre, se recibieron 23.

Al respecto, la socióloga María Emilia Tijoux explicó que los medios influyen en la manera en que la ciudadanía interpreta los fenómenos sociales. “Su contribución, sobre todo de la televisión, y sin olvidar los pocos diarios que tenemos, están actuando siempre en contra de trabajadoras y trabajadores migrantes”, afirmó, señalando que parte importante de la cobertura tiende a instalar marcos interpretativos que repercuten en la percepción pública sobre la migración y las condiciones laborales de quienes migran.

Jesse, sin tener conocimiento previo de esta información, reflexionó: “Una gran parte de las noticias y programas acá en Chile, tocan muchísimo el tema de los extranjeros, y eso va creando un miedo en la población chilena (…) el exceso de información que difunden los medios, influye en la manera de pensar en las personas”.

DETRÁS DE LA PANTALLA: ¿CÓMO INFORMAR A LAS PERSONAS?

Los medios de comunicación tienen como rol principal el informar a la ciudadanía el acontecer tanto nacional como internacional. Según el Código de Ética del Colegio de Periodistas de Chile, actualizado en diciembre de 2024, la labor periodística debe ser cierta, responsable, confiable, oportuna, fundamentada, permanente, y sin censura. Sin embargo, este reglamento no se condice con lo que siempre se muestra. Así lo determina la Red de Periodistas Migrantes, en una declaración emitida en agosto de 2025, en el que se detalla que existe una narrativa mediática y política que sigue estigmatizando y criminalizando a las personas migrantes, además de que el uso reiterado de la nacionalidad en noticias policiales refuerza estereotipos, reproduce racismo y contribuye a un clima de desconfianza social. Según se informa, esta violencia simbólica también circula en redes sociales, donde se legitiman discursos de odio y expresiones xenófobas.

Esta afirmación coincide con la percepción de Jesse: “El criterio de los medios sí importa y bastante (…) la televisión llega a muchas personas, y el criterio de un periodista influye mucho en la gente”, afirmó.

Así incluso lo refleja Forceline Sanon (25), quien llegó hace 9 años a Chile. Ella se encontraba terminando su enseñanza escolar en Haití, cuando, junto a su familia, emigraron del país. A pesar de estar en un lugar distinto, y sin tener un dominio del idioma español, logró terminar con honores la enseñanza media. Al año siguiente, luego de rendir la Prueba de Selección Universitaria (PSU, actual PAES), entró a estudiar Contaduría Pública y Auditoría en la Universidad de Santiago de Chile. Estaba entusiasmada por lo que brindaba su futuro, sin embargo, ella no contaba con que iba a recibir estigmatizaciones en el camino: “Una vez, un compañero fue directamente y me preguntó ¿vas a ir a hacer el aseo?”, recordó. Sanon admitió que no fue la única vez que le hicieron esa pregunta.

Este prejuicio coincide con lo mencionado por Jesse: “Uno que atiende constantemente a clientes, siente ese toque discriminativo”, declaró. Forceline siente que la gente juzga a la población migrante por estereotipos. Al ser consultada de dónde ella sentía que estos provenían, atribuyó responsabilidad, a los medios de comunicación: “A veces

los medios abordan mal el tema de la migración, suelen mostrar la parte negativa y las opiniones al respecto, generalmente echándonos la culpa de diversos problemas sociales, y dejan de lado las otras aristas”, confesó.

Al respecto, en el informe de la Red de Periodistas Migrantes se promueve una revisión profunda del discurso institucional y mediático sobre la migración, impulsando campañas nacionales contra el racismo y la xenofobia, y construyendo una cultura comunicacional inclusiva que reconozca la dignidad, la diversidad y el aporte de las personas migrantes al país.

Para Jesse, es importante que los medios tengan cautela y consideración a la hora de tocar temas sensibles, en este caso, la migración: “Hay que ser más cuidadosos en el tipo de comentarios que se emiten en medios de difusión sobre este tema”, opinó. Él considera que en la actualidad, el tema de la inmigración venezolana está muy latente y sometido a múltiples comentarios de desprestigio, coincidiendo con la declaración de la Red de Periodistas Migrantes. “He visto ataques directos a su comunidad por su cultura”, observó. “Hay que recordar que las culturas aportan a un país, y los comentarios deberían ser menos lacerantes”, cerró.

Sanon es más tajante con su punto de vista: “Los medios de comunicación deberían informar realmente lo que está pasando con los migrantes”, declaró, haciendo énfasis en que los juicios emitidos no pueden basarse en lo que “los periodistas creen”. Forceline recalcó cómo, según ella, debería ser el rol de un periodista: “Antes de publicar alguna noticia, se debe asegurar que esta sea verídica, y evitar dar opiniones basadas en desinformación”, concluyó.

*Este reportaje fue elaborado en el marco del ramo Fuentes y ética, a cargo de la docente y periodista Amanda Marton, de la Escuela de Periodismo de la Usach.